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Para pensar juntos...: "Lo que cuenta es lo que aprendes después de saber" John Wooden

domingo, 6 de mayo de 2007

¿Qué decimos cuando decimos "Gracias!"?

Como esta expresión con frecuencia parece en nuestra sociedad ir cayendo desuso, hoy queremos "resucitarla" . Porque sin ella, somos menos que una máquina: aún los animales son agradecidos... y quizás hasta las plantas, retribuyéndonos nuestros cuidados! Pero... ¿qué significa la expresión "Gracias!"? Si Ud. busca en el diccionario, hallará que "Gracia" se define como "Un don de Dios, obtenido aún sin mérito de quien lo recibe".

Lo que en el Misticismo se llama "estados de Gracia" refiere a esos momentos en que uno puede sentir un gozo que parece no tener que ver con logros de este mundo: hay en él una sensación de completud, de pertenecer al Todo, de estar en contacto con el Sentido de todas las cosas (un Sentido no-intelectual, desde el cual percibimos que hay "Algo Más" detrás de lo evidente). Puede que la persona sea creyente o no: no importa. En ese momento, su pecho respira "otro Aire", y es posible que vea la realidad con cierta Belleza inexplicable, teñida por un Amor-sin-objeto (así se llama el Amor en sí, que no necesariamente se deposita sobre alguien en particular, sino que es más bien como una radiancia...). Esos momentos de Gracia, aunque luego se evaporen, pueden dejar una huella profunda. Es como bajar al valle luego de haberlo visto todo desde la cima de una montaña: habrá "otro mapa" de lo que vayamos viendo...

De modo que cuando Ud. le dice a alguien "Gracias!", lo que está diciéndole es algo así como: "Te deseo que la Inteligencia Creadora ,[como cada uno la entienda], te dispense momentos... así: benditos. De Gozo. De Sentido. De Radiancia. De Gracia...". Nada menos! Yo, Eduardo, les invito a escuchar una breve anécdota real que Virginia nos quiere compartir sobre este tema:

"Yo era pequeña, y vivía en la granja de mis abuelos, en medio del campo, absorbiendo la Naturaleza. Ya había comenzado la tarde en ese día de invierno: recuerdo que hacía frío, y cuando uno hablaba salía de la boca un vapor espeso que me causaba gracia y asombro.

De pronto, por la escasamente transitada calle de tierra, apareció un señor. Quizás por mi edad, me pareció bastante mayor. Golpeó las manos para que alguien en casa le atendiera; yo le espiaba entre los arbustos. (Era toda una rareza que alguien desconocido se allegara a ese apartado lugar!). Salieron al mismo tiempo mi abuelo y mi madre. Mi abuelo le preguntó, con voz firme, entre desconfiado y cordial: "Qué quiere!?". Para mi sorpresa, el hombre no emitió palabra: sólo hizo un gesto de saludo, con una sonrisa amistosa, se tocó el abdomen con la palma de la mano poniendo cara de dolor, y luego abrió la boca, moviendo su mano derecha como si se echara alimento dentro. Mi madre me miró y me dijo por lo bajo: "Tiene hambre, y, -pobre!- es mudo." En mi escasa relación con la gente, yo nunca había visto aún un mudo! Sabía que existían, pero jamás había estado cerca de uno "de carne y hueso". Me produjo una compasiva fascinación, -sentimiento aún extraño para una criatura, pero que se iría volviendo muy mío-.

El abuelo miró a mamá, y mamá, con amorosa autoridad, le hizo al hombre un gesto de que esperara, yéndose hacia dentro de la casa. (Quién sabe por qué a los mudos uno no les habla, dando por sentado que tampoco escuchan...) El abuelo se quedó, vigilando la situación, y aunque me mandó para adentro, inusualmente no le obedecí.

Mi familia para ese entonces era verdaderamente pobre: dependía de la bondad de cada cosecha, y de algunos pocos productos caseros de la granja. Sin embargo, al rato mi madre apareció con un sandwich enooorme! Era un pan entero, del cual sobresalían fetas de todos los colores (seguramente todo un poco de cada cosa de las que pudo encontrar en la casa), y una bolsita con frutas de estación. Cuando el hombre vio lo que mamá con gesto generoso le ofrecía, abrió sus ojos desmesuradamente, y una sonrisa más ancha que sus propios labios le transfiguró sus facciones. Y fue tal su alegría, -nacida de un hambe bien real, y tal vez de haber sido rechazado en otras casas-, que, para sorpresa de todos, de su boca salió, sonoro, y perfecto, un expresivo "GRACIAS!!!!", con innegable franqueza. Luego hizo un gesto de saludo con la mano, se dio vuelta, y se marchó a paso rápido, calle arriba. El abuelo y mamá se miraron, azorados, me miraron a mí, y los tres nos largamos a reír a carcajadas.

Nunca olvidaré esta historia. Había habido una mentira, es cierto. Y ser veraz es un valor innegociable en mi familia. Sin embargo comprendí, aún a esa edad, que ser agradecido a veces puede ser tan o más importante que ser veraz . Cada tanto me acuerdo de aquél "mudo", que jamás volvió a aparecer por casa. Me había dejado para siempre una enseñanza inolvidable: creo que desde ese día me prometí a mí misma no ser nunca muda para dar las Gracias."

Si quiere acompañarnos en nuestro empeño de resucitar esta palabra... hágalo ahora: todos la necesitamos! Envíe un mail, llame por teléfono, dígaselo a quienes viven con Usted, al portero de su edificio, al vigilante de la esquina... y a quienes en su pasado le dieron lo que Ud. necesitó, pues eso también es cerrar círculos de la propia historia. Hoy, mañana... no se demore demasiado. Y, si quiere y puede, asegúrese de no ser nunca mudo para decir "Gracias!".
- Algo más: está disponible el texto de la conferencia virtual que ofreciéramos sobre el tema "Cerrar el pasado: dolor, elaboración y desapego". Si quisiera acceder a él clickee aquí. Lo hallará en el sector llamado "Fogones".
- Si quisiera expresar su impresión sobre este texto o sobre lo que encuentre en nuestro Blog, clickeando aquí podrá hallar nuestro Libro de Visitas.- Al clickear aquí encontrará distintos Foros, abiertos para compartir APRENDER TODOS DE TODOS...
Ilustración: "Breakfast in France", de Sue Loder.

domingo, 29 de abril de 2007

"Tocar fondo"

¿Sabes nadar? ¿Sabes, entonces, cuál es la mejor manera de salir a la superficie si has perdido pie? Nadar un poco más hacia abajo, pisar firme, y, tocando fondo, impulsarse desde allí para salir. Por sobrevivencia. Por instinto. SABEMOS COMO HACERLO. Pero no es sólo pisar fondo: es NO OLVIDAR EL IMPULSO, EL VIGOR PARA RE-IMPULSARSE HACIA ARRIBA.

Un pequeña que conocimos, y que ya sabía nadar, se lanzó a la pileta de adultos por pirmera vez. De pronto emergió con cara de desconcierto por la inusual profundidad. El padre le preguntó: "Haces pie, Natalia?". Y ella le respondió: "Hago pie, pero no hago cabeza!" Claro: no alcanza con tocar fondo, sino que es indispensable DAR VIDA AL IMPULSO DE VOLVER A SALIR A FLOTE! Y eso instintivo,en el agua, y en la vida. En el tocar fondo de la vida, el secreto es NO MENTIRSE. Admitir la tristeza, la derrota, que hemos dañado a otros (ya sin justificarnos), que hemos sido dañados (ya sin justificar). El pasado exigirá ser revisado. Y si la revisión es inteligente, vendrá tristeza. Una tristeza inteligente también: por la renuncia a lo ilusorio. Por la aceptación de la impermanencia: nada se queda quieto en esta realidad, nada es fijo, perdemos lo querido, se deshace lo construido, como el hielo al sol. Vemos que nos hemos equivocado, que nos quedamos de donde debíamos irnos, que elegimos lo torcido en vez de lo derecho, que hemos permitido que nos injurien o hemos injuriado... Nos enojaremos con nosotros mismos, con los demás, con la Vida misma... Y está bien que así sea: es parte de un proceso; humano, tremendamente humano. Y no es verdad que "errar es humano, perdonar es divino". Perdonar y perdonarse también es humano. Sólo que requiere de un extraordinario proceso, en el que, inevitablemente, tenemos que tocar fondo, para auto-impulsarnos a salir a flote. Pero ya no seremos los mismos. Por suerte, ya no.

Si dejamos que el proceso acontezca, desde el fondo, habituados a la oscuridad, es posible que poco a poco atisbemos la superficie luminosa. El requisito es, desde ese fondo, mirar insistentemente hacia arriba. Hasta volver a ver. Porque en el fondo nos volvemos transitoriamente ciegos. Pero de pronto un hálito de Vida puede querer entrar a nuestros pulmones, para ser respirado por nosotros. Y nos hable no sólo de Vida, sino también del dolor de los demás. Entonces nos damos cuenta de que no estamos solos, sino inscriptos en el Dolor universal, simplemente. Por ser humanos. El ajeno, el propio, el de todos. Y vamos aceptando asumir nuestra cuota. Nos disponemos entonces a pegar el salto y respirar hondo, hondo, hondo... Y en ese re-flotar, a remangarnos los brazos, a acompañar, a otros a dejarnos acompañar. A estar de nuevo vivos. Rotos y zurcidos. Quebrados y soldados. Derruidos y reciclados. Habiendo derrotado a la derrota. No hay otra victoria necesaria.

Mario Benedetti lo dijo tan bellamente, en su poema "Otra noción de Patria":

(...) Hay mañanas en que me desperezo
y cuando el pecho se me ensancha
y abro la boca como pez en el aire
siento que aspiro una tristeza húmeda
una tristeza que me invade entero
y que me deja absorto suspendido
y mientras ella lentamente se mezcla
con mi sangre y hasta con mi suerte
pasa por viejas y nuevas cicatrices
algo así como costuras mal cosidas
que tengo en la memoria en el estómago
en el cerebro en las coronarias
en un recodo del entusiasmo
en el fervor convaleciente
en las pistas que perdí para siempre
en las huellas que no reconozco
en el rumbo que oscila como un péndulo
y esa tristeza madrugadora y gris
pasa por los rostros de mis iguales:
Unos lejanos perdidos en la escarcha
otros no sé dónde deshechos o rehechos

(...) y los otros los otros y los otros

otros innumerables y fraternos
mi tristeza los toca con abrupto respeto
y las otras las otras y las otras
otras esplendorosas y valientes
mi tristeza las besa una por una

no sé qué les debemos
pero eso que no sésé que es muchísimo

esto es una derrota
hay que decirlo
vamos a no mentirnos nunca más
a no inventar triunfos de cartón

si quiero rescatarme
si quiero iluminar esta tristeza
si quiero no doblarme de rencor
ni pudrirme de resentimiento
tengo que excavar hondo
hasta mis huesos
tengo que excavar hondo en el pasado
y hallar por fin la verdad maltrecha
con mis manos que ya no son las mismas

pero no sólo eso
tendré que excavar hondo en el futuro
y buscar otra vez la verdad
con mis manos que tendrán otras manos
que tampoco serán ya las mismaspues tendrán otras manos

(...) rescatar la verdad más sencilla
y una vez que la hayamos aprendido
y sea tan nuestra como
las articulaciones o los tímpanos
entonces basta basta basta
de autoflagelaciones y de culpas
todos tenemos nuestra rastra
claropero la autocrítica
no es una noria
no voy a anquilosarme en el reproche
y no voy a infamar a mis hermanos

el baldón y la ira los reservo
para los hombres de mala voluntad

(...) con mis hermanos porfiaré
es natural
sobre planes y voces
trochas atajos y veredas
pasos atrás y pasos adelante
silencios oportunos omisiones que no
coyunturas mejores o peores
pero tendré a la vista que son eso:
hermanos

si esta vez no aprendemos
será que merecemos la derrota
y sé que merecemos la victoria.

(...) y la victoria crecerá despacio

como siempre han crecido las victorias.

Qué más puede decirse?... Hasta la próxima!

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Ilustración: Don Tatro

Re-nacimiento

Virginia hoy les habla: hemos enviado hace poco este poema que, en su inicio, tiene una cita de Pablo Neruda. Por esas cosas de internet, el poema comenzó a circular como si fuera de ese querido poeta. Pero me es necesario aclarar que el poema es de mi autoría (tanto como para no desconocer a un hijo, como para que el bello de Neruda no cargue con algo que no salió de su ingenio, pues no creo que fuera a estar de acuerdo...!). La cita decía: "Pido permiso para nacer." Pablo Neruda (evocando uno de sus poemas).

Aquí va una vez más, para convidarlo a todos. Está escrito en masculino porque fue creado para un taller, y me salió así...


RENACIMIENTO

Hoy volveré a nacer: pido permiso.
Permiso útero, permiso cordón prieto.
Permiso agua, placenta, oscuridades.

No podrá retenerme la tibieza
plácida y calma del vientre cobijante.
No podrán disuadirme las presiones
de este túnel de carne que hoy me puja.
Con decisión inequívoca y sagrada
determino nacer: me doy permiso.

Y aquí estoy, desnudo de corazas,
dispuesto a recibir besos y abrazos
(no la palmada que provoque el grito:
ya no permitiré que me golpeen.)
Parteros de quien vengo renaciendo,
miren quién soy: soy digno. Los recibo.
Miren quién soy: adultamente niño.
Miren quién soy: vengo a ofrecer mi entrega.
Miren quién soy: apenas si respiro,
pero, de pie, me yergo y me estremezco,
dándome a luz en mi realumbramiento.
Tengo coraje para empezar de nuevo:
fortalecido en mis fragilidades
lloro de dicha, de dolor... Lloro de parto.
Lloro disculpas a quienes no me amaron,
por el maltrato, el frío, el abandono:
lloro la herida de todo lo llorable.
Y lloro de ternura y de alegría
por tanto recibido y encontrado:
lloro las gracias por el amor nutricio,
por la bondad de los que me ampararon.
Lloro de luz, y lloro de belleza
por poder llorar: lloro gozoso.

Bienvenida es vuestra bienvenida.
Sin más queja, dolido y reparado
por la caricia de este útero abrazante,
aquí estoy: recíbanme. Soy digno.
Me perdono y perdono a quien me hiriera.
Vengo a darles y a darme íntimamente
una nueva ocasión de parimiento
a la vida que siempre mereciera.
Me la ofrezco y la tomo. Me redimo.

Con permiso o sin él, YO me lo otorgo:
me doy permiso para sentirme digno,
sin más autoridad que mi Conciencia.

Bendito sea este Renacimiento.


Virginia Gawel


La foto, tan bella, es de nuestra alumna, Debbie Naim, fotógrafa artística profesional. Invitamos a visitar su sitio web http://www.deborahnaim.com No se lo pierdan!

domingo, 22 de abril de 2007

"Yo no soy mi dolor"

No importa tu edad, tu nivel económico, tu grado de estudios, tu estado civil, tu árbol genealógico... Si hay algo de lo que podemos estar seguros al escribir estas líneas y pensar en el futuro lector, es que estará dirigida a alguien que experimenta y ha experimentado dolor. El dolor es como un hilo que va enhebrando a todos los seres humanos, sin distinción. Quizás la única distinción sea lo que cada uno de nosotros hacemos con nuestro dolor. Hay seres que, gracias a su dolor, se convierten en pesonas luminosas, cuya entereza nos alienta cuando nos sentimos flaquear ante nuestras propias dificultades.

Como sabrás, en algunas culturas, por razones de supuesto honor, dos personas podían "retarse a duelo": elegir armas, y, caminando en direcciones opuestas, en un determinado momento disparar para abatir al contrincante. Esa bárbara costumbre se reedita cuando cualquiera de nosotros debe enfrentar un dolor: curiosamente, implica algo así como retarse a duelo con el dolor. Esto es: no suprimirlo, no negarlo, no enfurecerse contra él, no regodearse en él...
Es buena la imagen del duelo: uno mismo, dando varios pasos para des-identificarse del dolor y, desde esa distancia, darse vuelta y mirarlo de frente, desde lejos. Así, apercibirse de que uno no ES el dolor. El dolor está en MÍ, pero YO soy mucho más que mi dolor. Puedo hacer que una parte de mí se separe de él, y lo vea como algo distinto de mí, así me esté muriendo. Y eso que se des-identifica, NO PARTICIPA DEL DOLOR. Está frente a él, con extrema dignidad.

Pero en esta contienda, batirse a duelo con el dolor implicará, al darse vuelta, en vez de desenfudar un arma y tratar de aniquilarlo, volver sobre nuestros propios pasos, acercarnos a él y decirle: "No soy tú. Porque yo soy mucho más que mi dolor". Mirar al dolor a los ojos, y en vez de fusilarlo, abrazarle. Y llorar juntos lo que haya que llorar. Y entonces sí, dejarlo ir. O dejarlo quedar hasta que cese, pero ya sin olvidar que uno mismo no es su dolor. Aunque sea difícil hacerlo, es posible. No se trata de un acto, sino de un proceso. Un proceso que se despliega poco a poco, que no puede forzarse, pero que, para que se produzca, requiere de nuestra disposición a vivirlo, simplemente.

José Luis Martín Descalzo lo expresó de modo magistral, escribiendo este poema en tiempos muy penosos de su vida (te proponemos leer su extracto biográfico al final):


Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.

Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.
Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.

YO decido mi sangre y su espesura.
YO soy el dueño de mis esperanzas.

José Luis Martín Descalzo fue un humanista cristiano de origen español . Sacerdote, periodista, poeta, autor dramático y novelista (1930-1991). Al momento de escribir este poema, y muchas de sus mejores obras, padecía una grave enfermedad renal, que le obligó a estar sometido a diálisis durante años, en los cuales no dejó de sembrar esperanza y vitalidad por donde fuera. La ilustración es un autorretrato de Frida Kahlo, pintora mexicana quien también supo, desde su extremo dolor físico (a partir de un accidente que le dejó destrozada, con múltiples penurias crónicas y limitaciones físicas), a pesar de los pesares... crear Belleza. Esta obra se llama "Columna rota".

- El Domingo 29 de abril de 2007 estaremos compartiendo una conferencia virtual gratuita vinculada a este tema, con el título "Cerrar el pasado: dolor, elaboración y desapego". Si desearas inscribirte, clickea aquí. Si quisieras acceder al material didáctico gratuito sobre ese tema, clickea aquí. Lo hallarás en el sector llamado "Módulos".

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- Al clickear aquí encontrarás un nuevo Foro, especialmente abierto para poder compartir aprendizajes relacionados con este tema y así, como siempre, APRENDER TODOS DE TODOS...


domingo, 15 de abril de 2007

"Disculpe: ¿Es Ud. un tonto?"

Hay quienes no marchan a la moda. No hay caso: son ésos que insisten en ser veraces, en pedir las cosas por favor, en esa curiosa costumbre, -tan poco popular hoy en día- de dar las gracias... Personas raras! Parecen, además, haber renunciado tácitamente a la pretensión de ser maravillosos: muestran sus errores sin esconderlos, sus heridas y miserias sin lucrar con ellas, sus arrugas sin maquillarse ni acudir al cirujano estético... Rara gente! Se obstinan en tener pensamiento propio, en comprar sólo lo que necesitan y no lo que vende la TV. Prefieren equivocarse por cuenta propia que acertar por cuenta ajena. Devuelven lo que han pedido prestado, cumplen lo que han prometido, y dicen (cuando alguien, por casualidad, les escucha) que aún creen en la especie Humana... Quién los entiende?...

Una vez lastimados, en vez de redoblar sus defensas y quedarse en sitio seguro (encerrados en casa, o en lugares ruidosos o al menos en sus cabezas, a pecho cerrado), deciden tozudamente aprender del asunto, y eligen sentir hondo en vez de resentirse. Juntan sus pedazos, y retornan a la Vida, como dicen los sufis: "con el pecho abierto, aún en medio del infierno". Prefieren permanecer así: indefendidos (aunque no indefensos, sino ahora dispuestos, con inteligencia, a no permitir que el otro les dañe o abuse de ellos).

Muchos dicen que han de ser tontos. De hecho, a veces les reprochan, de modo grosero o más formalmente: "Disculpe: ¿Es Ud. un tonto?". Y a veces, apenados, ellos mismos creen que la respuesta es "SÍ!", autoinculpándose con dolor. Si su propia respuesta (la suya, amable lector) es "SÍ!", por favor, no se sienta mal: NO ESTÁ SOLO. Ese modo "tonto" de vivir ha sido la elección de muchos, a lo largo de la historia de la Humanidad. En el mito del Grial, el santo "tonto" es el ingenuo Parsifal, quien finalmente encontrará el Grial y será coronado Rey (símbolo de la asunción del propio Ser). Renunciar a ser "el ganador", "el avivado", "el más astuto que el resto"... Sin coraza, sin cáscara, sin máscara. Entregado y verdadero. En el Taoísmo se dice de alguien así: "El que vive el Tao (la Totalidad) es una persona sin distinciones; por su apariencia, el sabio es un tonto: sus pasos no dejan huellas."

Y así, tontos quedan, hermosamente tontos. Aunque no estén a la moda.

Lo dijo hace mucho tiempo un tonto luminoso que se llamó Gibran Khalil Gibran*:

Tanto la semilla intacta como la que rompe su cáscara
tienen las mismas propiedades.
Sin embargo, sólo la que rompe su cáscara
es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.

Esta aventura requiere una única osadía:
descubrir que no se puede vivir
a través de la experiencia de los otros,
y estar dispuesto a entregarse.

No se puede tener los ojos de uno,
los oídos de otro, para saber de antemano lo que va a ocurrir;
cada existencia es diferente de la otra.

No importa lo que me espera,
yo deseo estar con el corazón abierto para recibir.

Que yo no tenga miedo
de poner mi brazo en el hombro de alguien,
ni aunque me lo corten.
Que yo no tema hacer algo que nadie hizo antes,
ni aunque que me hieran.

Déjenme ser tonto hoy,
porque la tontería es todo lo que tengo
para dar esta mañana;
me pueden reprender por eso,
pero no tiene importancia.

Mañana, quien sabe, seré menos tonto.

(O tal vez no.)

* Gibran Khalil Gibran fue un lúcido poeta, místico y pintor, nacido en el Líbano en 1883. Se afincó en Estados Unidos, donde falleció en 1931. Su vida transitó entre su amor por la cultura árabe y la influencia de pensadores occidentales. Su obra maestra fue "El Profeta", la cual se convirtió en un ícono del despertar de la juventud de los años ´60. Clickeando aquí podrá acceder al texto completo, ilustrado por el propio autor.

- Si quiere compartir con todos lo que experimentó al leer este texto, su comentario será bienvenido en nuestro Libro de Visitas, clickeando aquí. (Allí nos ha dejado un mensaje Carlos, el autor del poema que está más abajo, sobre las inundaciones. Gracias, Carlos, una vez más!)

- Al clickear aquí encontrará distintos Foros para expresar su propia experiencia vital, en un espacio oportuno para reflexionar juntos y APRENDER TODOS DE TODOS..

viernes, 13 de abril de 2007

Han matado a un maestro

Sin banderas políticas, simplemente porque es necesario decirlo, decirlo hasta que en cada lugar de la Tierra cobre fuerza. La Humanidad evoluciona sólo con la toma de conciencia de cada individuo...

En memoria del maestro Carlos Fuentealba, asesinado por represión policial en abril de 2007
al reclamar pacíficamente su derecho a un salario digno.

HAN MATADO A UN MAESTRO

Silencio en las esquinas de la ciudad, en la aldea,
silencio en las fábricas; silenciados conciertos...
El Río de la Plata congeló sus mareas,
el Limay decidió parar su movimiento.

Las gentes se abrazan, se miran, se sostienen,
enarbolan pancartas con letal desconsuelo.
Pacifista granada, un murmullo detona
vigoroso, indignado: “Han matado a un maestro!”.

Los pájaros se quedan con las alas plegadas:
“Hasta no haber justicia, nunca más volaremos”.
El labriego suspende su cosecha y su arada:
Ni una semilla más: han matado a un maestro.”

Cerrados los puentes, las calles, las cantinas,
las escuelas cerradas, cerrados los comercios,
serios los que reían, mudos los que cantaban:
“Hasta que hagan justicia, sólo lloraremos”.

La señora elegante, el vendedor de libros,
el gerente del banco, la médica, el obrero
han salido a las calles con guardapolvos blancos:
“No se escondan, cobardes: han matado a un maestro!”

Los niños han dejado de jugar en las plazas,
abriendo sus pupilas, de tanto desconcierto:
“Mamá, ¿cómo puede ser que Dios permita
que aquellos hombres malos mataran a un maestro?”


La fuerza de los muchos obliga a ese milagro:
la palabra “injusticia” se desploma, muriendo;
la vil inteligencia buscando coartadas
se queda sin defensa: “No lo permitiremos!”

Con una barricada construida por millones,
no podrán escaparse con sucios argumentos
los que matan con bala, con hambre, con promesas,
desde impunes prestigios, corruptos y rastreros.

Gente de todo el mundo: si enfocan sus oídos
hacia el Sur doloroso, y escuchan un Silencio
palpitante y unánime, reclamando justicia
inequívocamente, terminante, certero...

súmense a este clamor trascendiendo fronteras,
que de esta decisión participen sus pueblos:
es la última vez, donde quiera que sea,
que la mano de un hombre asesina a un maestro.

Virginia Gawel
República Argentina

domingo, 8 de abril de 2007

Colapsar y Comprender

La vida a veces es como un cuchillo: en algún punto del camino, te hace un tajo al medio, como si fueras una almohada, y allí se ve de qué estás relleno. Entonces no hay maquillaje psicológico que valga: las defensas que nos constituyen, la imagen que queremos dar, el mundito que hemos construido para evitar el Mundo... caen como una fruta madura se descuelga de su rama. Y lo que sale es lo que SOMOS (ya no lo que pretendemos "ser"). El tajo puede dejar a la luz nuestras más recónditas miserias, nuestra avaricia, nuestro resentimiento, nuestras ínfulas de "sentirnos especiales", nuestros prejuicios... y también nuestro heroísmo, nuestra nobleza, nuestra más entrañable capacidad de Compasión... El tajo de la vida nos deja sorprendidos a nosotros mismos por lo que mana de adentro. Y, puesto que somos internamente mixtos, si el tajo es verdadero lo que sale es como una lava ardiente, en que nuestras miserias y nuestras grandezas brotan a chorros, ante nuestra propia mirada azorada.

Muchos de los momentos en que la conciencia se amplía como las pupilas se dilatan en la noche, son así: de tajo abierto. Allí está la ocasión de espiritualidad verdadera. En muchos casos, una espiritualidad laica, en la que aún quien la vive no sabe que está en un estado de verdadera iluminación. Y aunque el diafragma de la conciencia luego se cierre, -como el de una cámara fotográfica luego del click-, ya nada será igual. La letra de un tango dice "la vida es una herida absurda". Sin embargo, esa apertura de Comprensión puede mitigar la absurdidad del tajo, más allá del raciocinio.

Igual nos pasa socialmente. Pero allí dependerá de cada individuo que cada tajo social redunde en un crecimiento en la Comprensión colectiva. Entonces: sólo la transformación de la actitud individual y colectiva pueden hacer que las pupilas dilatadas no vuelvan a empequeñecerse. En cada país todos los días hay tajos terribles, hundidos en la realidad que nos rodea. Pocas veces, son catástrofes naturales. La mayoría de las veces detrás de ese tajo hay hombres: hombres que disponen del cuchillo y lo hunden en la carne colectiva. También allí uno ve qué sale de adentro de un grupo humano (una provincia, un pueblo, una nación...). Y en cada individuo estará la responsabilidad de que ese tajo propicie transformación social, para que nada parecido vuelva a suceder. Así ha evolucionado la Humanidad en muchísimos puntos flacos; si hay futuro posible y no destruimos el planeta, la evolución colectiva seguirá siendo de este modo: repetición de hechos - toma de conciencia - tranformación individual y social.

Vivas donde vivas, en esta semana seguramente te han llegado noticias de hechos así. En nuestro país hoy hay provincias anegadas con unos 15.000 evacuados, debido a la desidia de quienes debieron hacer obras públicas para evitar nuevas inundaciones como en el año 93; pero nada hicieron, y la historia vuelve a repetirse. En nuestro país también esta semana mataron a un maestro, porque expresaba pacíficamente juntos con otros la injusticia del magro salario docente: reprimieron, y lo fusilaron a mansalva. Creemos que espiritualidad no debiera tener como único ámbito el templo o el almohadón de meditación. Espiritualidad es que esa realidad, la que te rodea, te duela, -recites o no mantras y plegarias-. Repudiar la injusticia, la violencia, la depredación, el abuso de poder. A partir de allí... manos a la obra! Si no hay otra cosa que podamos hacer, que difundamos ese dolor, esa indignación, esa decisión de "NUNCA MÁS", para que, en tu país, en el tuyo, en el tuyo, y en éste, más tarde o más temprano cada tajo no vuelva a suceder.

Queremos hoy convidarles un poema nacido de un hombre a partir esa inundación del año 93, idéntica a la de hoy. Un hombre que, en ese momento en que él mismo debió ser evacuado, cambia el eje de su visión del mundo, propiciándosele el surgimiento inequívoco de una mirada compasiva, luminosa y global. Porchia decía "La confesión de uno avergüenza a todos". Mirémonos en el espejo de Carlos: allí aparecerá, quizás, nuestro verdadero rostro. (Para apreciar su proceso de Comprensión, les invitamos a leerlo despacito hasta el final):

Empezar de nuevo...

Yo le tenía miedo a la oscuridad,
Hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.
Yo no resistía el frío fácilmente,
Hasta que aprendí a subsistir en ese estado.
Yo le tenía miedo a los muertos,
Hasta que tuve que dormir en el cementerio.
Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
Hasta que tuve que dormir en el crematorio.
Yo sentía rechazo por los rosarinos y
por los porteños,
Hasta que me dieron abrigo y alimento.
Yo sentía rechazo por los judíos,
Hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.
Yo lucía vanidoso mi pullóver nuevo,
Hasta que se lo di a un niño con hipotermia.
Yo elegía cuidadosamente mi comida,
Hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
Hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.
Yo creía haber visto muchas cosas,
Hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.
Yo no quería al perro de mi vecino,
Hasta que aquella noche lo sentí llorar
hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
Hasta que tuve que participar en los rescates.
Yo no sabía cocinar,
Hasta que tuve frente a mí una olla con arroz
y niños con hambre.
Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
Hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.
Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
Hasta que todos nos transformamos
en seres anónimos.
Yo casi no escuchaba radio,
Hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.
Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
Hasta que de a cientos me tendieron sus manos
solidarias.
Yo estaba bastante seguro de cómo serían
mis próximos años,
Pero ahora ya no tanto.
Yo vivía en una comunidad con una clase política,
Pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.
Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
Pero ahora las tengo a todas en mi corazón.
Yo no tenía buena memoria,
Tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
Pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.
Yo no te conocía,
Ahora eres mi hermano.
Teníamos un río,
Ahora somos parte de él.
Es la mañana.
Ya salió el sol y no hace tanto frío.
Gracias a Dios.
Vamos a empezar de nuevo.

Carlos Guillermo Garibay
Santa Fe, 2 de mayo de 2003

Gracias, Carlos, donde sea que estés.

- Si, viviendo en Argentina, Ud. quisiera participar de la campaña de ayuda a los inundados, solicítenos la lista de los focos en que se reciben alimento, ropa, medicamentos, y todo lo necesario, clickeando aquí.
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Hasta la próxima!
Ilustración: Agradecemos a su autor, Dale Wicks .

domingo, 1 de abril de 2007

¿Será posible morir?

Lo que hoy queremos decirle es complejo. Por favor, tenga paciencia hasta el final. Es: ¿Será posible morir? Hablamos del morir Eso que hace que un cuerpo sea otra cosa que carne que se mueve. De La Chispa. Porque una cosa es la vida, y otra cosa la Vida, así, con mayúsculas. La vida es asunto del cuerpo, como una vía férrea por donde el cuerpo transita sus sucesivas estaciones y paisajes. En cambio la Vida (así, con mayúsculas) no. La Vida es... el tripulante del tren! Tal vez sea cierto, entonces, lo que han dicho los místicos de todos los tiempos: podríamos traducirlo como "no es posible morir". Aún, a veces, queriendo! E igual de absurdo es matarse, dado que por ningún medio uno podría "quitarse la Vida". A lo sumo, uno podrá quitarse el cuerpo! (Pero ha de ser mal negocio, pues es bien posible que muy pronto uno tenga que conseguirse otro, dado que la Vida no renuncia a que estemos con vida, así tenga que volver a nacer.)

No se trata de fe: se trata de experiencia. Si Ud. en algún momento se ha sentido subrayado por la Vida, la ha latido más allá del corazón, se ha sentido insoslayablemente Vivo, o ha sentido inequívocamente Vivo a alguien amado... SABE. No necesita fe (pues la fe es requerible sólo sobre aquello que no se Sabe). De allí que pueda existir una religiosidad laica, más allá de participar o no de cualquier feligresía. Una religiosidad de la experiencia propia, no de la de otros que la han descripto en el pasado. Íntima. Por íntima, irrefutable (inclusive irrefutable por el propio intelecto). ¿Puede Ud. dentro de cinco minutos negar que ha estado leyendo estas líneas? Así de irrefutable para sí mismo es haber vivido la experiencia de lo Inefable, cuando esto ha sido un acto de autopercepción asombrada y sentida.

Cuando esa experiencia existe, uno no puede sino aceptar, más allá de la razón, que la muerte es imposible. Al menos la muerte de la Chispa. Todo lo otro, claro, muere. Como se dice en el Budismo, todo es impermanente. Pero hay un lugar de sí que no participa de esa ley de impermanencia: acata sólo la ley de lo Inmutable. Por eso en el Zen se le llama a "eso" lo Nonato, lo no-nacido. Entonces... ¿cómo habría de morir lo que no ha nacido? El cuerpo es el que nace y el que muere. Lo Nonato se sube al cuerpo y se baja de él como Ud. tantas veces a subido y luego bajado de un largo tren. Pero este tren, vaya donde vaya, no puede sino, finalmente, llegar a Casa.

Seguramente conocerá a Walt Whitman, uno de los más laicos religiosos de la poesía. Sin instrucción al respecto, el SUPO de la impermanencia, y de lo Inmutable en sí mismo. A eso vivo le llamó Yo. Un nombre quizás demasiado corto y cotidiano para nominar a lo infinito. Pero algo es algo: sabemos que "inefable" significa "aquello de lo que no se puede fablar = hablar". Y la experiencia de lo Íntimo es inefable. Desde allí, no hay muerte que morir: la guadaña de la Parca se queda cortando hierbas secas en los prados del Sahara, aburrida de sólo llevarse cuerpos, y no poder nunca, pero nunca, cercenar ninguna Vida.

Dijo Whitman:

" (.....)
Por mí fluyen sin cesar todas las cosas del Universo.
Todo se ha escrito para mí,
y yo tengo que descifrar el significado oculto de las escrituras.

Soy inmortal.
Sé que la órbita que escribo no puede medirse
con el compás de un carpintero,
y que no desapareceré como el círculo de fuego
que traza un niño en la noche con un carbón encendido.
Soy sagrado.
Y no torturo mi espíritu ni para defenderme ni para que me comprendan.
Las leyes elementales no piden perdón.
(Y, después de todo, no soy más orgulloso
que los cimientos desde los cuales se levanta mi casa.)

Así como soy existo. ¡Miradme!
Esto es bastante.
Si nadie me ve, no me importa,
y si todos me ven, no me importa tampoco.
Un mundo me ve,
el más grande de todos los mundos: Yo.

Si llego a mi destino ahora mismo,
lo aceptaré con alegría,
y si no llego hasta que transcurran diez millones de siglos,
esperaré... esperaré alegremente también.

Mi pie está empotrado y enraizado sobre granito
y me río de lo que tú llamas disolución,
porque conozco la amplitud del tiempo."

El poeta León Felipe, cuando tradujo a Whitman, en su prólogo dijo: "Se apellida Whitman, pero Dios le llama Walt". Gracias, Walt, por ponerle palabras a lo inefable!

Texto: Walt Whitman (poeta estadounidense, imperdible de ser leído. 1819-1892). Fragmento del libro "Canto a mí mismo".
Imagen: "Ascendent soul", de Gilbert Williams.

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sábado, 24 de marzo de 2007

Un cuento sufi (algo más sobre Poner Límites...)


Si Ud., como nosotros, trabaja sobre sí, alguna vez debe haber tenido que ponerse límites a sí mismo, ¿verdad? Porque vio que exigía de más a su cuerpo. Porque observó que invadía al otro, sobreprotegiéndole. Porque se pescó a sí mismo siendo demasiado demandante. Porque se cansó de dar de más a quien no le brindaba reciprocidad... Bien: hay personas que no han desarrollado aún esa habilidad madura de ponerse límites a sí mismas. Una Ley de Murphi (todas graciosas, por cierto) señala jocosamente un aspecto de este tema: "Haga dos veces un favor, y se convertirá en su obligación"; (¿le ha sucedido??) Cuando nos encontramos ante tal situación, si es necesario, tenemos que oficiar de "límite ortopédico" para el otro: dado que él mismo no se pone límite para con nosotros, seremos nosotros los responsables de establecer esa frontera. De no hacerlo... estaremos colaborando con el abusador! Justificándole, ejerciendo una seudo-"aceptación incondicional" (en verdad neurótica!) y reiterado un prematuro "perdón" a sus actos de abuso ("perdón" que nacerá de nuestras partes menos sanas, muy distinto del perdón que emerge de elaborar nuestros enojos y dolores, y que nos habilita para ejercer la potestad de que no nos vuelvan a herir en donde nos hirieron). Ambos partícipes vinculares desplegando un acuerdo tácito, altamente disfuncional...

Quizás el otro sea un abusador consumado y tenga mala entraña, de modo que ante el límite que Ud. le ponga reaccionará ofendiéndose, mostrando su cara oculta, y alejándose; bendito sea el repelente del límite entonces! En algunas tierras se dice: "A perro flaco no le faltan pulgas": cuando uno se ve a sí mismo con escaso autoaprecio (como perro flaco...) es usual que "se le prendan", cual pulgas, personas que le chupen la sangre... Pero si el "perro" se fortalece... las pulgas caen por sí mismas! El punto será, si eso nos pasa, mantenernos con esa fortaleza... para no volver a atraer personajes similares que nos manipulen y nos devíen el rumbo. Como dijo Sarmiento, -en ese caso, refiriéndose a los países que se dejan dominar por los gobiernos de otras naciones-: "El asunto no es cambiar de amo. El asunto es dejar de ser perro."

Pero si, en cambio, la persona a quien le ponemos límites tiene buen espíritu, tal vez pueda advertir, de corazón, lo que no alcanzaba a ver como actitud abusiva. Allí vendrá el que se haga cargo puntualmente, que pida disculpas, que se comprometa a no volver a abusar, y, si es necesario, a reparar lo que haya dañado. Cuando somos excesivos, muchas veces lo somos porque no nos damos cuenta. Necesitaremos entonces extrangerizarnos de nosotros mismos: vernos como desde afuera (nuestros hábitos, nuestra modalidad vincular, nuestros errores más propios...). Y, generalmente, cuando VEMOS de verdad, es como si nos quitáramos una venda de los ojos, y nos sorprendiéramos de no haber visto antes... También podemos no darnos cuenta de que estamos siendo abusados: hemos tomado como común lo que es en sí mismo una aberración vincular. Como decía el titular de un artículo sobre violencia doméstica: "Mi marido me pega lo normal". (¡¡ !!)

¿Cómo poner límites? No hay fórmula, claro está. Conversando, escribiendo una carta, dejando de hacer lo que siempre hicimos, iniciando acciones legales, pidiendo como clientes un libro de quejas, o diciendo simplemente NO (con un grito, con una sonrisa, o con la más fina elegancia), comunicando nuevas reglas de juego, o también, inclusive, actuando con humor, ironía y picardía. Aquí va un cuento sufi que nos habla de ese otro modo de poner límites a una situación de maltrato. Como tantas otras historias sufis, el protagonista es Nasrudín: a veces se lo pinta como un sabio, otras como un necio... y quizás como las dos cosas. Aquí lo tenemos como alguien lúcidamente aleccionador. Nos cuenta Idries Shah en su libro "Las ocurrencias del increíble Mulá Nasrudín" (Ed. Paidós):

"Nasrudín fue a una casa de baños turcos. Como estaba pobremente vestido los dependientes le brindaron escasa atención, dándole desdeñosamente sólo un trocito de jabón y una toalla vieja.

Al salir, el Mulá les entregó como propina una valiosa moneda de oro a cada uno. Ni siquiera se había quejado de la atención, de modo que los empleados quedaron perplejos. ¿Podría ser , -se preguntaban-, que de haberlo tratado mejor les hubiera dejado una propina aun mayor?

A la semana siguiente volvió el Mulá. Esta vez, por supuesto, fue atendido como un rey. Después de que lo hubieron masajeado, perfumado y tratado con la mayor deferencia, antes de abandonar la casa de baños el Mulá le entregó a cada servidor la más ínfima moneda de cobre.

´Esto -les dijo- es por la vez pasada. Las monedas de oro fueron por lo de hoy.´ Y se alejó muy dignamente... "

Interesante lección, cierto?

Antes de despedirnos, algo más...

- Hemos subido a nuestro sitio web el texto de la Conferencia Virtual gratuita que compartiéramos el martes pasado con el título "Poner límites: un aprendizaje vincular indispensable". Para bajar ese archivo o leerlo en la web clickear aquí. Podrá encontarlo en el sector llamado "Fogones". (Es el último documento... aunque puede leer los anteriores también!) En el mismo espacio, pero clickeando en la botonera la opción "Módulos", podrá hallar otro archivo sobre el tema de los límites...

- Al clickear aquí encontrará un Foro para expresar su propia experiencia en esta tarea vital del poner límites. También es un espacio oportuno para reflexionar juntos sobre lo que cada uno vio en su propia vida a partir de la conferencia (algunos nos lo han compartido por mail...). Como siempre, será un espacio donde APRENDER TODOS DE TODOS...

Imagen: Antiguo grabado sufi.

domingo, 18 de marzo de 2007

Poner límites: Un acto de Dignidad

Eduardo les habla esta vez: Poner límites cuando resulta necesario, requiere de una extraordinaria lucidez. Y hay muchos modos de hacerlo: cada uno de nosotros necesita hallar en su interior la propia manera de expresarlos. Es curioso: hay una palabra que, en todos los idiomas de este planeta, se caracteriza siempre por ser breve y contundente. Como una flecha disponible en el arco para ser disparada prontamente si así lo decidimos. Esa palabra es, en nuestra lengua, NO. Es así de breve y contundente; quizás, por razones de supervivencia. Supervivencia no sólo de nuestro ser físico, sino, principalmente, de nuestra identidad más esencial. Es rápida de emitir, y fácil de ser comprendida... si se la entona y ejecuta con suficiente claridad, sin dobles mensajes...

Aquí va una historia sobre este tema que escribió Virginia: una anécdota real, que muestra de modo bello y certero un aspecto del aprender a poner límites en el propio estilo, inequívocamente.

"Hace ya varios años, una amiga muy querida migró hacia Alemania. Una mujer peculiarmente sensible, con temperamento artístico expresado de muy diversas formas: poeta, fotógrafa, dibujante, pianista, flautista... Pero su vocación, a la que había dedicado tiempo y esfuerzo en formarse, era la de ser cantante lírica: una soprano de primer nivel. Sin embargo, a pesar de haber participado en grandes óperas de nuestro país, viendo que en Sudamérica le sería muy difícil desplegar su talento, buscó nuevas tierras donde sembrar su simiente...

Ella, delicada y a la vez sencilla, cuando llegó a Alemania y durante algunos años, tuvo que realizar tareas de las más básicas, para sobrevivir, y, entre tanto, buscar cómo darse a conocer como artista.

En esos tiempos iniciales, entonces, uno de sus trabajos fue el de limpiar pisos y baños de algunas tabernas alemanas. No sólo se vio por primera vez enfrentada a la necesidad de ejercer tareas rudas, sino que además, dado que su perfil era de extrema timidez, y su tez cetrina y sus ojos oscuros no se correspondían con el biotipo más común en ese país, tres o cuatro personas que trajaban con ella le trataban con desdén: se reían a sus espaldas, le decían palabras socarronas que ella aún no entendía, le daban órdenes autoritariamente, -a pesar de no tener un rango mayor que el de Ella-... No le permitían almorzar con ellos ni participar de sus conversaciones, de modo que su soledad la rodeaba en todo momento.

Pero un día... un día brotó en su corazón la voz de su Dignidad: algo tenía que hacer para frenar esta injuria. No sólo se sentía insultada en su persona, sino que, de pronto, sintió que Ella era mucho más que Ella: era la encarnación de los discriminados, de los rechazados en distintos ámbitos, en cada lugar del mundo, y por distintas razones (su religión, su color de piel, su país de origen)... Y su Dignidad cobró fuerza para algo que marcaría un antes y un después en su vida.

Como todos los días, comenzó a limpiar el retrete, poniendo vigor a cada uno de sus movimientos, mientras, como siempre, musitaba una melodía en tono apenas perceptible. Y sucedió lo de siempre: los dos hombrotes que lavaban las copas empezaron a reírse entre sí, burlándose de su música murmurada. Sus palabras eran traducibles por "Mírala, quién se creerá que es... Habría que llevarle a una audición... para que limpie con jabón el escenario!". A esas risotadas se sumaron las de dos meseras que recién llegaban a trabajar. Entonces Ella, desde su breve talla, con un movimiento seco y contundente, casi marcial, escurrió el trapo de piso y lo tiró en el sulo, apoyó la escoba en la pared, y, con firme ademán, poniendo las manos sobre su propia cintura, en jarra, hizo un audible silencio, mirando fijamente a los ojos a cada uno de ellos. Sorpendidos por este súbito gesto, todos hicieron, en consonancia, un repentino silencio: las risas se difuminaron en los labios de cada uno. Sólo se escuchaban, lejanos, los sonidos de la calle.

Entonces, Ella, sí, abrió la boca para, por primera vez en su vida, poner un límite. Sus ojos oscuros se habían dorado por un fuego interno innegociable. Sabía muy bien lo que tenía para decir. Pero al abrir su boca, de ella no salieron improperios ni gritos, sino... los más delicados sones de "La Flauta Mágica", de Mozart. En impecable alemán, su registro de soprano inundó la taberna, haciendo reverberar copas y vasos, y produciendo un maravilloso sonrojo en las mejillas de cada uno de sus azorados oyentes: avergonzados, no atinaron más que a quedarse mudos y quietos. Y durante unos diez largos minutos, toda Ella salió desde su pecho: un "BASTA!" tejido con lo más sublime de sus cuerdas vocales. Un "BASTA!" a la vez propio y ajeno, por la Dignidad de sí misma, y por la de todos los oprimidos, los rechazados, los menospreciados, los discriminados...

Cuando concluyó, su mirada triunfal era la que nunca antes había sido: el fulgor del "BASTA!" la había embellecido a tal punto que sus modestas vestimentas se habían convertido en delicadas gasas y sedas... Y su público, -ese público que desde la ignorancia por tantos meses la había minusvaluado- rompió en un sentido aplauso, como si formaran parte de un hechizo que les dejaría en lo hondo una contundente lección de humanidad.

Ella aún no lo sabía, pero su vida interna cambiaría para siempre. No sabía que había abierto, en ese instante, un candado en su voz y dn su corazón: nunca más permitiría, a partir de ese momento, que nadie le tratara con desdén ni mancillara su integridad. Fue como una promesa muda que se hizo a sí misma, casi sin darse cuenta. O, mejor dicho, no una promesa muda, sino una promesa impregnada de música, de Belleza, de Verdad... Hoy canta tangos por todo el mundo. Y, de vez en cuando, "La Flauta Mágica" germina en su voz, para recordarle que Ella... es Ella, más allá de cómo la vean los demás."
Virginia Gawel

En nuestro sitio web podrán hallar otro texto referido a este mismo tema: un material gratuito que hemos diseñado para cada uno de Ustedes. Podrán hallarlo clickeando
aquí, (en la sección llamada "Módulos"; es el documento titulado "Poner límites: Cólera y amabilidad"). Quienes deseen participar de la conferencia virtual gratuita que ofreceremos este martes, 20 de marzo, a las 22 hs. de Argentina, pueden inscribirse clickeando aquí para que les enviemos su clave de acceso. Serán bienvenidos...)

Algo más: al clickear
aquí encontrarán varios Foros de participación, para APRENDER TODOS DE TODOS...

domingo, 11 de marzo de 2007

El suicidio parcial (con cuento de Benedetti)


Ser un humano es difícil: implica, entre muchas otras cosas, interactuar en el mundo con otros humanos. Biológicamente, el humano es un animal gregario. Está en su instinto! Desde allí, a la mayoría de las personas les ATERRA ser exluidas, rechazadas, criticadas... segregadas. Pues, desde el animal gregario que somos, instintivamente sentimos que SER EXCLUIDO es igual a MORIR. Esa equivalencia tiene sentido en la mayoría de las manadas, donde el animal solitario, si es exonerado del conjunto, probablemente no llegue a sobrevivir. Sin embargo, si bien somos animales, PODEMOS SER ALGO MÁS QUE ANIMALES GREGARIOS. El ser humano está habilitado para aprender a ejercer el Arte de la Solitariedad Voluntaria: construir con su estar solo, algo mucho más bello que la simple Soledad del segregado. Y si tiene desarrollada esa habilidad, podrá NO NEGOCIAR el tener que modificar aspectos vitales de su identidad para "encajar". A partir de allí, desarrolla la capacidad para ejercer una solitariedad creativa, CON OPCIÓN A ESTAR ENTRE PARES cuando lo necesite, sin tener que MENTIR Y MENTIRSE PARA SER ACEPTADO.

Pero, vayamos al núcleo de lo que hoy queremos decirte: para adaptarnos, para tener un lugar en el mundo, para ser queridos / respetados / temidos / cuidados... (según el perfil que elijamos mostrar), lo que hacemos es FABRICAR UNA IDENTIDAD: inconscientemente, SELECCIONAMOS UN CONJUNTO DE RASGOS que, por ensayo y error, creemos que serán aquellos que nos permitan ENCAJAR de algún modo en el entorno. Y ELEGIMOS ser. Ser dulces, ser honestos, ser transgresores, ser dictatoriales, estar a la moda, ser vulgares... Sin embargo, esta SELECCIÓN de rasgos que van a constituir nuestra "identidad" ante los demás, sólo puede ser sostenida A EXPENSAS DE QUE MANIATEMOS LOS RASGOS QUE NO CONDICEN CON ÉSOS. Si para adaptarme tengo que ser fuerte y duro, sentiré a mis partes vulnerables como un riesgo para esa identidad que quiero sostener y desde la que me siento seguro. Si para ser querido tengo que ser agradable y complaciente, cercenaré mi capacidad de decir que NO y de poner límites. Y así...

¿Qué habrá sucedido? HABREMOS COMETIDO UN SUICIDIO PARCIAL. Habremos AMPUTADO una parte vital de nuestro psiquismo (sea cual fuere) en pos de PERTENECER A LA MANADA (así sea una manada de dos!). Y, sin esos rasgos de sí, SÓLO SEREMOS NUESTRA MÁSCARA. Nuestra VERDADERA IDENTIDAD habrá quedado desleída, incompleta.

Si la persona trabaja consigo misma, y SE DA CUENTA DE LA TRAMPA, podrá obrar sobre ese mecanismo, y comenzar a HACER RESUCITAR AL PROPIO LÁZARO: "Levántate y anda!". Sólo así se sentirá completa. Sólo así se sabrá auténtica. Y, desde allí, será tal su fuerza que podrá expeler de su vida a aquellos que NO LE ACEPTEN ENTERA, tal como es. Es un largo trabajo. Pero quizás lo más bello que un humano pueda hacer sobre esta Tierra. Sin ello, únicamente encontrará vacío, tristeza: una tristeza que no tiene que ver con el afuera, sino con la sutil añoranza de aquella parte propia que, desde lo hondo, RECLAMA QUE LA RESUCITEMOS. Nos estaremos extrañando a nosotros mismos! De allí tanta tristeza...

Aquí va un cuento del querido uruguayo Mario Benedetti, que tan claramente ha sabido expresarlo en su libro "La muerte y otras sorpresas". Y, si te hace falta, te auto-resucites!

"Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo. El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse imcómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó, el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañama siguiente, el Otro Yo se habia suicidado. Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le llenó de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas. Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: «Pobre Armando.Y pensar que parecía tan fuerte y saludable». El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo."

Algo más: Al clickear
aquí encontrarás Foros en los que participan personas desde todo el mundo. Uno nuevo está dedicado a este tema. Así, APRENDEMOS TODOS DE TODOS!
Imagen: "Autorretrato", de Mark Castello.

sábado, 3 de marzo de 2007

¿Quisimos nacer? Sobre los valores y el sentirse solos

Cuando una persona sensible y lúcida se decide a vivir en base a valores internos (ser honesto, sincero, justo, solidario..) es posible que le sucedan muchas cosas: que se sienta defraudado por la actitud de otros, que quiera imponer esos valores en su entorno pero no le den espacio, que experimente frustración luego de esforzarse en torno a lo bueno y ver que la desidia, el egoísmo, la destrucción, pueden a veces derrotarle... También quizás le duela verse A SÍ MISMO traicionar sus mejores valores, o, inclusive, percibirse como arrogante ante los demás por ser “el que lucha por el bien”. Y allí viene un trabajo interno de perdonar a los que no ven, perdonarse por no ver... e intentar reparar... y NO DARSE POR VENCIDO.

Rodeado de contra-valores, es posible que uno sienta: “¿Para qué habré nacido?!!”, y apueste a lo que dijo Sófocles: “El mayor premio es no nacer”. Terrible, verdad? Sin embargo, distintas corrientes espirituales dicen que HABER NACIDO ES UN PRIVILEGIO, y que uno DECIDIÓ nacer, QUISO hacerlo, pues esta vida es una Escuela... y en ella uno es alumno, y también enseñante...

Es mucho más fácil si uno no se aísla: si, en el ejercicio de aquello en lo que cree, busca crear lazos con pares afines. Así lo han descripto las Tradiciones de todos los tiempos, proponiendo encuentros comunitarios para aprender todos de todos. Hoy en día, hasta este medio virtual permite esta posibilidad, de algún modo, más allá de las fronteras.

¿Cómo vive cada uno de Ustedes este aspecto de la realidad, vinculada con el PROCURAR EJERCER LOS VALORES DEL SER, día a día, “a pesar de los pesares”? Aquí va un poema, para que les acompañe. (Y más abajo la propuesta de dos Foros para que puedan expresar su sentir.)

POR QUÉ QUISE NACER

Había la insolencia y el desprecio,
el átomo estallado, la matanza,
el hambre repartido entre millones,
la siniestra inquina solapada.
Había la tortura y la violencia,
había la niñez asesinada,
la traición, el cinismo y la mentira,
hollando las simientes que brotaban...

Pero quise nacer, porque sabía
que también está el que enseña y el que sana,
el que cultiva la huerta verdecida,
el que nutre, el que ora y el que canta...
el que promete y cumple, el que acaricia,
el que celebra el sol cada mañana,
el que, en vez de cañones, fragua el bronce
para forjar pacíficas campanas.
Quise nacer para estar entre los simples,
los que creen en la Vida y la resguardan:
esa estirpe singular que, construyendo,
hace que valga la pena la llegada.

Y me sumé a sus trabajos cada día:
regué la huerta, forjé mi campana,
procuré hacer felices a los tristes
y dar cobijo a quien lo necesitaba.
Di mis brazos a la siembra y la vendimia,
canté canciones con los que cantaban,
cambié los paños frescos a las fiebres,
y amé con persistencia apasionada.

Y te encontré: tú que lees estas líneas.
Te encontré, -porque tú también estabas-,
y aunque no nos conocimos, trabajamos
tú y yo juntos, inocentes y entusiastas.
Donde sea que estuvieras laborando,
en cualquier nación, de cualquier raza,
en cualquier tarea que hayas hecho,
juntos bregamos para que el Bien ganara.
Con errores y aciertos, intentamos
sacralizar la faena cotidiana,
para que en medio de tanto apocalipsis
el gozo y la ternura se salvaran.

Por eso yo te amé, querido humano,
aunque no nos conocimos: porque amabas;
porque diste todo lo que tenías
para que la Belleza prosperara.
Porque, en vez de lamentarte de que el mundo
no fuera tal como tú lo esperabas,
remangaste tus brazos vigorosos
y luchaste para que mejorara.
Porque cuidaste a la Naturaleza,
porque amasaste para que el pan se horneara,
porque criaste niños, porque hiciste
alfarería con el barro de las charcas.
Porque, pudiendo muñirte de cañones,
elegiste forjarte una campana
y alentar con su son a los que bregan
por lo más noble de la especie humana.
Porque, quizás, vamos tejiendo redes,
sosteniendo un mundo nuevo con su trama,
y seamos simplemente parturientos
que pujan juntos para que ese mundo nazca.

Ya lo ves: no estás tan solo en la tarea...
Puja conmigo... Ríe, puja y canta...

Virginia Gawel
1999, después de Esalen
(Psicóloga y escritora, co-autora de este Blog, y co-Directora del Centro Transpersonal de Buenos Aires)

Hemos abierto dos Foros: uno relacionado con este tema, titulado “¿Quisimos nacer?”, y otro especialmente dedicado a aquellos adolescentes y jóvenes que quieran hacer oír su voz. Los esperamos! Para participar de los Foros clickear aquí.

Imagen: Martín La Spina, artista plástico argentino contemporáneo. Para conocer su excepcional obra les proponemos visitar su espacio web http://www.martinlaspina.com.ar

domingo, 25 de febrero de 2007

Sobre las emociones rancias: Un cuento sufi

El trabajo sobre las emociones rancias es indispensable para toda persona que busque el conocimiento. Cada Tradición de Sabiduría lo ha expresado a su manera, y muchas de ellas lo tienen como paso indispensable antes de acceder a cualquier otro tipo de práctica. ¿De qué vale conocer de memoria distintos mantras, asanas del Yoga o sutras y koans, si uno no mira de frente su propia miseria, sus aspectos internos menos trabajados? Querer eludirlos es mentirse. Como dijo alguna vez Ken Wilber, es pretender hacer un “by pass espiritual”. Una de los trabajos de Hércules fue el de limpiar unas porquerizas. En nuestro caso, la tarea no es diferente!

Desde la neurobiología hoy se sabe que las emociones rancias, cuando se dan como un estado recurrente, generan un fenómeno curioso: LA ADICCIÓN A SÍ MISMO. Así es: no se trata de una adicción a consumir distintas sustancias, sino un tipo de adicción mucho menos evidente, socialmente desapercibida: A AUTO-GENERAR ESTADOS EMOCIONALES RANCIOS. ¿Cómo es esto? Sí: las emociones ingratas (la disconformidad crónica, el resentimiento, el estado de ofensa permanente, la lástima de sí, la melancolía...) implican la presencia en sangre de determinadas sustancias bien específicas. Para quien tiene este tipo de auto-adicción, los estados de bienestar pueden generarle algo así como un síndrome de abstinencia. En ese momento del “estar bien”, ponerse mal con cualquier justificativo puede equivaler a darse una inyección de una droga, o aspirar cocaína. Y, si la persona no se da cuenta, se repite, y se repite, autogenerando una y otra vez el mismo estado emocional, con distintos contenidos aparentes. Es más: puede ser que inclusive BUSQUE CIRCUNSTANCIAS Y VÍNCULOS TÓXICOS que le garanticen LA PROVISIÓN DE SU DROGA ENDÓGENA. Como en muchos países se dice, “hacerse mala sangre”...

Una pregunta inteligente, entonces, es, autorrefiriendo esta información:¿A qué emociones rancias soy auto-dependiente?. El trabajo posterior NO consistirá en anularlas, decidiendo desde el voluntarismo “no sentirlas más”. Ésa es una pretensión imposible! La tarea será INVESTIGARLA, estudiar su comportamiento mediante la autoobservación, tal como estudiaríamos a una especie animal para comprender sus costumbres. Y, dado que la observación modifica a lo observado (como lo expresa la Física Cuántica), esa tarea implicará un PROCESO de transformación personal, poco a poco, paso a paso...

Aquí va un cuento sufi, relatado por Al Ghazali en el siglo XI, que nos habla sobre este fenómeno psicológico. (La adaptación del cuento es nuestra):

En cierta ciudad de Oriente las tiendas estaban organizadas por calles: la de los vendedores de telas, la de los que comerciaban todo tipo de lámparas y aceites, la calle de quienes vendían pájaros en distintas clases de jaulas... Una de esas calles era la de los vendedores de perfumes, en la cual, tienda tras tienda, podían obtenerse las más exóticas y exquisitas fragancias.
Un basurero, que trabajaba a diario recogiendo desperdicios en un poblado vecino, estaba por primera vez de visita en esta ciudad. (De hecho, también era la primera vez que salía de su propio poblado, tan poco era lo que había podido viajar...).

Recorriendo, asombrado, las distintas tiendas especializadas, cuando comenzó a caminar por la calle de los vendedores de perfumes, de pronto cayó al suelo, como muerto. La gente trató de revivirlo con fragantes aromas, colocándolo bajo sus narices para hacerle volver en sí; mas sólo lograban con ello empeorar su estado, produciéndole convulsiones y patéticos estertores.

Finalmente apareció un ex basurero, quien conocía al desdichado por haber trabajado en su poblado, hacía mucho tiempo atrás. Con sólo dar un vistazo a la escena, inmediatamente comprendió la situación. Manoteando rápidamente una bolsa de residuos que estaba junto a la puerta de una tienda, tomó ago inmundo y, agachándose frente al basurero, apartó a todos los que trataban de socorrerlo. Entonces sostuvo esa inmundicia frente a la nariz del hombre, gritándole: “Huele! Huele!”. Así fue que, para sorpresa de todos, el desmayado revivió inmediatamente: abrió sus ojos, como fascinado, dibujándosele en el rostro una amplia sonrisa. Y, con el estupor de los presentes, gritó a viva voz: “¡Esto sí que es perfume!”.

Imagen: Antiguo grabado sufi.

Te invitamos a participar de los Foros grupales. Los encontrarás clickeando aquí . Son imperdibles!

jueves, 22 de febrero de 2007

Sobre la Belleza de cierta lágrima...

En la Psicología del Budismo, existe un ejercicio meditativo para los practicantes avanzados que se llama "Tonglen". Para describirlo de algún modo, digamos que consiste en inhalar el dolor de todo lo sintiente, permitiéndose ser atravesado por ese dolor, transformarlo dejándonos que nos transforme, y luego exhalarlo.

Más allá de esta profunda práctica, es natural que cualquier persona que camina hacia la lucidez, al menos por momentos se sienta partícipe de ese dolor que no es exactamente propio, sino que es no-personal, o hasta trans-personal. Ese dolor expande nuestra conciencia, nos saca del yocito mezquino y pequeño, rumiante y susceptible... Es un dolor que dignifica. El equilibrio estará en cumplir con la propia vida, gestando la alegría posible, y dejar espacio para ese dolor no-personal, convirtiéndolo, en lo posible, en acciones solidarias.

Miren qué bello modo de decirlo que tuvo el poeta español León Felipe:

NO HE VENIDO A CANTAR
No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra.
No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente
para que me canonicen cuando muera.
He venido a mirarme la cara
en las lágrimas que caminan hacia el mar,
por el río y por la nube...
y en las lágrimas que se esconden en el pozo,
en la noche y en la sangre...
He venido a mirarme la cara en todas las lágrimas del mundo.
Y también a poner una gota de azogue, de llanto,
una gota siquiera de mi llanto
en la gran luna de este espejo sin límites,
donde me miren y se reconozcan los que vengan.
He venido a escuchar otra vez
esta vieja sentencia en las tinieblas:
Ganarás el pan con el sudor de tu frente
y la luz con el dolor de tus ojos.
Tus ojos son las fuentes del llanto y de la luz.

LEON FELIPE (Poeta español, 1884-1968)


Algo más: al clickear aquí encontrarán los comentarios que, sobre este tema, han ido subiendo distintas personas que reciben estos mails. Deberán seleccionar la opción "Del otro lado del dolor". Son imperdibles! Y está aún abierto para recibir más comentarios. Gracias por convidarnos sus aprendizajes!
Imagen: Alicia La Valle, Lic. en Letras y artista plástica argentina. Coordina grupos de mujeres en base a cuentos de distintas culturas que aluden al desarrollo interior femenino. Esta obra es una ilustración para un cuento del libro “Mujeres que corren con Lobos”, de Clarissa Pinkola Estés. Su e-mail es alicialavalle@netizen.com.ar

domingo, 18 de febrero de 2007

Un relato: "¿Tiene sentido?"


Para la persona lúcida y sensible, que no quiere permanecer ajeno al dolor del mundo, tratar de hacer algo para mitigar ese dolor ajeno (que se vuelv propio) puede resultar sumamente desalentador. A veces ayudar nos enfrenta con la impiedad del sistema, con personas que ponen obstáculos a la buena obra, con la sensación de que es tan grande el problema, y tanto crece en este mundo lo que se dedica a dañar, que parece no tener sentido hacer nada de nada...

Sin embargo, así como la sumatoria de insconsciencias genera contaminación, muerte, horfandad, corrupción... la sumatoria de actitudes conscientes es quizás el único recurso con que la Humanidad cuenta para sortear este tiempo tan difícil. En esa tarea, es muy importante no perder de vista que cada pequeño gesto no sólo tiene sentido, sino que es necesario. Quién lo hará, sino uno mismo? Les compartimos un relato para que les acompañe en ese empeño cotidiano. La esencia de esta historia nos llegó sin autor. Y nos gustó tanto que aunque hace algunos años la hemos compartido, aquí va nuevamente. Haremos nuestra propia adaptación, mas si alguien conoce la fuente original, agradeceremos nos lo avise.


La imagen es la de un crepúsculo en la playa. Él, un muchacho joven, de dieciséis, o tal vez de menos, caminando hacia el oeste. Las olas golpeteaban la orilla desde lejos, con la marea baja, como si expresaran el ritmo de la respiración del mar.
De pronto, él vio a lo lejos una extraña silueta humana en arduo movimiento. Apuró el paso, imprimiendo su huella en la arena. A medida que se acercaba, vio que la silueta era femenina. Y desde más cerca aún, advirtió que la mujer era madura: tal vez ya sabría todo lo que a él tanto le asustaba aprender. Sin embargo, esa misma inseguridad solía volverlo algo arrogante, como impostando la falsa condición de “estar de vuelta”, de saberlo todo...
A medida que avanzaba distinguió que los frenéticos movimientos de la mujer consistían en arrojar estrellas de mar de regreso a las aguas: la marea baja había dejado un sinnúmero de ellas varadas en la arena, imponiéndoles el fatal destino de morir fuera de su elemento vital. Ella las recogía una por una y, como con urgencia, iba devolviéndolas al mar.
Él sintió como un sabor extraño dentro de sí, entre el sarcasmo y el desconcierto. Se paró a pocos metros de ella, y, sin saludarla siquiera, le inquirió:
- ¿Qué es lo que hace?
Ella, sin detenerse ni un instante, le respondió lo obvio:
- Las devuelvo al mar para que vivan.
Entonces él dejó salir en el tono de su voz ese sarcasmo inmaduro, paralelo a su desconcierto:
- Pero... son cientos... miles...!! Lo que usted hace no tiene sentido!
La mujer apenas lo miró de soslayo, sin perder ni un segundo. Tomó una estrella de mar y se la mostró, con su palma abierta, diciéndole:
- Para ésta... para ésta SÍ tiene sentido.
Y, prosiguiendo su solitaria tarea, la arrojó con premura al mar.

Todos dejamos una huella al pasar por este mundo. Y esa huella puede ser parte de las que mancillan esta Tierra, o bien una huella que ha buscado ser para el bien común, en cualquier orden que sea. Queremos invitar a que quienes están realizando algún tipo de acción personal o colectiva para mejorar en algo (poco o mucho) el entorno (su barrio, su ciudad, el mundo...), comparta aquí en qué iniciativa está participando (ya sea haciendo un click por internet en cualquier campaña ecologista, o bien por los derechos humanos, los animales, los niños, las cárceles ilegales, la tala indiscriminada, la violencia de género, el hambre, la educación, el arte...). Nos hará bien saber que existen! Para participar hacer click aquí. Y no dejen de leer lo que sigue:

Ilustración:Sembrador”, de Pilar Benítez Veloso; argentina, nacida en 1957, es parte de los artistas que exponen a través de la Fundación Artistas Discapacitados. A pesar de haber nacido sin ambos brazos por malformación congénita, a partir de los 5 años aprendió a coser, bordar, tejer y pintar con los pies, así como a hacer telar, macramé, grabado, litografía y diseño gráfico. Fue becada por la Asociación Mundial de Pintores que Pintan con la Boca o el Pié, con sede central en el Principado de Liechtenstein, a través de la cual sus obras son editadas en tarjetas y calendarios artísticos en muchos países del mundo. Ha viajado a distintos países no sólo a estudiar o exponer, sino también a dar conferencias y seminarios (España, México, USA...). Estando actualmente radicada en Córdoba, Argentina, y en su deseo de concientizar al ser humano a valorar y desarrollar todo su potencial, visita escuelas dialogando con alumnos y docentes, pintando y bordando ante ellos. También lo hace en parques y paseos públicos, conversando con la gente. Gracias, Pilar, por sembrar Belleza! (Para ver algo más de su obra y de su vida, o contactarse con ella clickear aquí.)

sábado, 10 de febrero de 2007

Del otro lado del dolor

Transitar un duelo es difícil. Y la vida nos propone duelos por demás: una pareja que termina, los hijos que se van, el cuerpo que pierde habilidades, lugares que ya no volveremos a ver, animales queridos, tantas, tantas cosas... Además hay duelos por asuntos invisibles: resignar no sólo lo que ya fue, sino lo que nunca ha sido: anhelos incumplidos, proyectos que no llegaron a realizarse, amores truncos aún antes de empezar...

Es parte vital de la tarea humana atravesar esos dolores, más grandes o más pequeños. Como aquellos que caminan sobre brasas, estamos llamados a cruzar este dolor, aunque queme, para pasar al otro lado. ¿Y qué hay del otro lado? Difícil es concebirlo mientras estamos aún en carne viva. Pero si nos animamos a seguir caminando, del otro lado nos pueden esperar distintas preciosuras: templanza, integridad, comprensión, madurez, apertura, claridad, y... )quién sabe!(, a veces Alegría. Una alegría que no es ortopédica, no es postiza, pues nada externo la provoca. Es legítimamente interna: una rara inflorescencia que se abre paso entre las viejas espinas.


Si lo has vivido alguna vez, bien lo sabrás (con sólo rememorar, seguramente hallarás en tu haber esta experiencia... Y hasta es posible que sientas compasión y cariño por ese doliente que has sido...). O bien, si lo que estás viviendo es el dolor, al menos tal vez puedas darle la oportunidad a que algo Nuevo germine del ese amargo terreno. Ojalá que así sea, para cada uno de nosotros.

Llegué por el dolor a la alegría.
Supe por el dolor que el alma existe.
Por el dolor, allá en mi reino triste,
un misterioso sol amanecía.

Era alegría la mañana fría
y el viento loco y cálido que embiste.
(Alma que verdes primaveras viste
maravillosamente se rompía.)

Así la siento más. Al cielo apunto
y me responde cuando le pregunto
con dolor tras dolor para mi herida.

Y mientras se ilumina mi cabeza
ruego por el que he sido en la tristeza
a las divinidades de la vida.

JOSÉ HIERRO *

Algo más: Si en tu experiencia personal te has visto en la situación de "atravesar las brasas del dolor" y encontrar algo valioso "del otro lado", te invitamos a que nos convides tu aprendizaje expresándolo en el espacio que dejamos disponible en nuestro sitio web. Al clickear
aquí encontrarás distintas opciones. La que refiere a este tema se llama "Del otro lado del dolor" (pero si quisieras leer o participar en los otros Foros están abiertos también...). Tu aporte quizás pueda acompañar a quien aún está en medio de la tristeza.Así, como siempre, aprenderemos todos de todos. Gracias!

*José Hierro: Poeta español nacido en Madrid en 1922. Es considerado como uno de los grandes poetas contemporáneos de habla hispana. Su obra abarca temas sociales y de compromiso con el hombre, el paso del tiempo y el recuerdo. Durante la guerra civil se dedicó a actividades clandestinas que motivaron su encarcelamiento en 1939. Después de ser liberado en 1942, se desempeñó en diversos oficios durante varios años. Falleció en 2002.

Imagen: "Árbol despertando", de Andrea Bach, artista plástica argentina.

domingo, 4 de febrero de 2007

Comprometerse con la Vida


Bello es el título de la biografía del poeta Pablo Neruda: "Confieso que he vivido". De eso se trata: de encarnar de veras. En la tradición del Budismo, por ejemplo, se dice que nacer un humano es un privilegio, y más lo es haber nacido con la posibilidad de llegar a absorber algo de Conocimiento. Y es bello deber honrar esa oportunidad, para desarrollarse uno mismo y para dar de sí a los demás...

Quizás hayan visto ciertas estatuillas que representan al Buda, en postura de meditación, y que muchas de ellas tienen sus manos dibujando signos. Esos gestos se llaman "mudras", y cada uno tiene un significado diferente (significado que se invoca al meditar sosteniendo ese gesto). Uno de ellos implica tener la mano izquierda descansando sobre el regazo, y la derecha tocando la tierra con la yema de los dedos. Ese mudra significa comprometerse con el estar vivo en este mundo. Esto es: dar lo mejor de sí, ser el mejor humano que uno pueda, y brindarle a esta Tierra lo que uno haya traído para dar. Y hay algo curioso: sólo al hacerlo la persona encuentro cierto regocijo: un profundo contento que no tiene que ver con el éxito o con ninguna otra cosa, sino con sentir que se está participando en la tarea con la cual uno puede dejar el mundo un poquito mejor que como lo encontró. Cuando se siente ese llamado (de allí viene la palabra "vocación" = "vocare" = llamado), puede que haya hasta cierta urgencia en brindarse, en dar de sí, en tener, cada uno en su puesto, una actitud activa para ayudar a otros que tengan menos posibilidades de las que uno haya tenido.

Volvamos al querido Neruda, que, desde su apasionada urgencia esencial, nos convida estas palabras en su poema "Oda a la claridad", para que no nos quedemos pasivos, para que no perdamos el tiempo. Que es una Utopía? Lo seguirá siendo solamente si quienes pueden hacer, no hacen, si quienes quieren dejan de querer (y, por favor, no dejen de leer lo que sigue al poema...):


Yo soy,
yo soy el día,
soy
la luz.
Por eso
tengo
deberes de mañana,
trabajos de mediodía.
Debo
andar
con el viento y el agua,
abrir ventanas,
echar abajo puertas,
romper muros,
iluminar rincones.

No puedo
quedarme sentado.
Hasta luego.
Mañana nos veremos.
Hoy tengo muchas
batallas que vencer.
Hoy tengo muchas sombras
que herir y terminar.
Hoy no puedo
estar contigo, debo
cumplir mi obligación
de luz:
ir y venir por las calles,
las casas y los hombres
destruyendo
la oscuridad. Yo debo
repartirme
hasta que todo sea día,
hasta que todo sea claridad
y alegría en la tierra.

PABLO NERUDA

Entonces: Les interesen o no las Artes Plásticas, no dejen de leer lo que sigue: puede abrir una puerta de tu interioridad. Son palabras del artista que ilustra esto que hoy compartimos. Además de su talento tiene una peculiaridad: al escucharlo, uno aprende, pues su dolor ha sido su Maestro. Aprende algo que es esencial: Comprometerse con la Vida. Gracias, Gabriel!

"Mi nombre es Gabriel Laufer. Tengo 32 años, un título universitario en Diseño Gráfico y una pasión: la pntura, gracias a la cual puedo expresar emociones, sentimientos y compartir mi sentir. Tengo una enfermedad: Esclerosis Múltiple (EM) que me dificulta en muchas cosas y me ha dado la gran oportunidad de cambiar y de aprender...

Tengo un cuerpo que no responde como quisiera, pero tengo también la certeza de que no soy sólo ese cuerpo.
Y estoy aquí, aprendiendo, riendo, creando, pintando, amando, viviendo con intensidad cada instante. Porque, como todos, tengo mucho más de lo que me falta. Sólo hay que saber verlo. Es una elección consciente.

Durante mucho tiempo estuve condicionado a “estoy bien o mal” dependiendo de cuán bien o mal estuviera mi cuerpo. Hoy me despego de él. Sé y siento profundamente que soy mucho más que lo que me pasa. La enfermedad ha sido, es una gran maestra. Estoy lejos de pensar: “Uy, tengo EM, pobre de mí!” Creo que todos atravesamos por circunstancias que nos ponen a prueba en la vida. No hay pruebas más grandes o más chiquitas, no es más importante o más dramático lo que me pasa a mí que lo que le sucede a cualquier otra persona.

La pintura es algo que sentí desde siempre, pero creo que llegó cuando debía. Lo hizo en un momento en que mis manos empezaron a temblar. No podía usar un pincel, lo que no significaba que no pudiera pintar, sino que debía hacerlo con las posibilidades que tenía.

Cómo podría haber imaginado a los 21 años, cuando recibí el diagnóstico de mi enfermedad, que la vida iba a depararme tantas sorpresas? Recuerdo el momento en que me impusieron usar un bastón. Lloraba sin parar, no quería aceptarlo. De repente, entre lágrimas, me di cuenta de que gracias a ese bastón que tanto rechazaba, podía mirar el cielo. Y seguí llorando, ya no de pena, sino de agradecimiento. Porque cuando tenés dificultades de equilibrio, sólo mirás el suelo, y darme cuenta del cielo fue alucinante.

La gran mayoría de la gente cree que la vida termina en la planta baja y se priva de ver la belleza que hay más arriba. Aprendí a aceptar y a regirme por dos leyes esenciales: la ley de impermanencia y la de incertidumbre. Vivimos tratando de aferrarnos a la ilusión de lo “seguro”: una relación, un trabajo, la salud, una posición económica... Nos angustia, nos desespera la posibilidad de perder el control sin darnos cuenta de que lo único que tenemos es el presente, el aquí y el ahora, pues todo lo demás es incierto, pues todo pasa. Quién sabe qué nos depara el futuro? Quién sabe si voy a estar siempre en esta silla de ruedas? No pienso preguntárselo al médico. El tendrá su opinión “segura”.

Yo sé que la vida es mucho más grande de lo que te puedan venir a explicar. Por eso, con consciencia, elijo estar abierto al misterio y a la sorpresa de cada día. Elijo, a cada instante, elijo pintar el paraíso, entrar en él y compartirlo. "

La presente obra se titula "Atravesando". Ver otras obras de Gabriel en el sitio de la Fundación para Artistas Discapacitados:
http://www.artistas.org.ar/plasticas/gabriel_laufer.htm